A LAS PUERTAS DE LA INSEGURIDAD

A poco menos de diecinueve años de comienzo del siglo 21, ¿hasta cuándo se consentirá en algunos ascensores, por desidia e indolencia en el cumplimiento de las ordenanzas o, peor aún, a falta de normativas de regulación, las riesgosas puertas «tijera», de cabina de accionamiento manual o exteriores, de rellano?

Es verdad que no todas las situaciones son homologables en esta o aquella provincia, pero el concepto de seguridad no es (no podría ser) diferente ni reconocer distintas categorías regionales al arbitrio de los poderes públicos de tal o cual municipio. La exigencias de reemplazos por puertas seguras y reglamentarias no son la excepción.

Desde una perspectiva federal, de lo que se trata es de proponer denominadores comunes a propósito de ciertas reglas incanjeables. La erradicación sin concesiones de esas aberturas arcaicas es un ejemplo de acciones compartidas en la convicción de superar idénticos inconvenientes y propiciar una sincera toma de conciencia. Baste con señalar que el 22 por ciento de los accidentes corresponde al llamado pie de ascensor en los edificios que todavía cuentan con puertas tijera.

En Córdoba, la prohibición de esas aberturas ominosas, para la adecuación del parque de ascensores existentes o ya instalados, está contemplada en el anexo 2 de la ordenanza 10.950/05, reglamentada en 2007, que exige la actualización tecnológica de todos los elevadores en funcionamiento.

En esta ciudad, quedan muy pocos aparatos en esas condiciones, algunos de los cuales forman parte del patrimonio cultural. Antes, en 2004, en virtud de la ordenanza municipal 10.741, sobre circulaciones mecánicas de uso público, fue prohibida la fabricación e instalación de nuevos ascensores con cualquier tipo de puerta manual.

A principios de 2018, la Municipalidad de La Plata, mediante el decreto 1.808, reglamentó la ordenanza 9.019 (¡cuya sanción databa de hacía dos décadas, sin haber sido aplicada!) que obliga a cambiar en los elevadores esas aberturas peligrosas. Fue una noticia celebrada.

Son buenas medidas para extender en todo el país, de modo de abrir, eso sí, más puertas a la seguridad de los ascensores.