OJOS QUE NO VEN…

A diferencia de los automóviles, de ostensible presencia, los ascensores pasan casi inadvertidos en esta o aquella ciudad, acaso por el hecho de funcionar en edificios (y no predominantemente con vista al exterior), que es como decir: por no desplazarse en el escenario urbano de vertiginosos movimientos.

El menoscabo por los elevadores (sin los cuales la expansión edilicia y el crecimiento en altura resultarían inviables) es proporcional a ese fenómeno, del que se deriva en buena medida la falta de valoración, la escasa conciencia acerca de las necesidades de mantenimiento y actualización de los equipos.

El hecho es paradójico: los ascensores, como se ha dicho reiteradamente, implican un intenso tráfico cotidiano hasta posicionarse, después de los autos, como el segundo medio de transporte más utilizado, por encima de ómnibus y trenes. Sin embargo, ojos que no ven…