TAMBIÉN EL CIELO PODÍA ESPERAR…

Una mujer falleció en un edificio del centro de Rosario cuando cayó, desde el séptimo piso, en el hueco del ascensor. Al parecer, habría intentado salir del aparato, detenido por un corte de energía eléctrica y en cuya cabina quedó atrapada. Presa del pánico, la víctima forzó las puertas del elevador y se precipitó trágicamente. Una vez más, una maniobra inapropiada se cobró la vida de una usuaria.

El hecho es lo bastante doloroso como para observar que, aun cuando sean reiterativas, las recomendaciones sobre el buen uso del ascensor resultan todavía insuficientes.

Todos los actores del transporte vertical y los administradores de consorcios deberían hermanarse no ya sólo en los esfuerzos para garantizar la seguridad de los elevadores mediante un mantenimiento calificado, sino también, insistentemente, en la concientización sobre las buenas prácticas o los modos adecuados de utilizarlos.

No por casualidad, como señaláramos en esta página recientemente, en la Argentina el 18 por ciento de los incidentes infortunados relacionados con los ascensores se debe a maniobras inapropiadas de los pasajeros.

De lo que se trata, por lo pronto, es de no cometer imprudencias adicionales a los riesgos que implica una situación de encierro en el aparato, sea que la máquina cesara su marcha a la altura o en desnivel de la puerta exterior.

Lo mejor es que, sin dejarnos llevar por la desesperación, aguardemos el auxilio efectivo de técnicos especializados, sin apuros que terminan en tragedia, como aconteció en Rosario.

También el cielo podía esperar…